Hay reconocimientos que van mucho más allá de un galardón. Son una forma de mirar hacia atrás para valorar el camino recorrido y, al mismo tiempo, de mirar hacia el futuro con la responsabilidad de seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho: con dedicación, esfuerzo y pasión.
Para Castro y González, recibir el XII Premio Empresa Familiar IME, concedido por IME Business School de la Universidad de Salamanca, supone precisamente eso. Un reconocimiento que pone en valor más de un siglo de trabajo, la fortaleza de un proyecto familiar y la capacidad de evolucionar sin perder aquello que nos define.
Una historia que comenzó hace más de cien años
Desde 1910, nuestra historia ha estado ligada a Guijuelo, a la tradición ibérica y a una manera muy concreta de entender el trabajo.
Generación tras generación, hemos aprendido que construir una empresa familiar no consiste únicamente en mantener una actividad económica. Significa transmitir conocimientos, valores y una forma de hacer las cosas que solo se consigue con el paso del tiempo.
Cada decisión tomada durante todos estos años ha tenido un objetivo común: ofrecer productos ibéricos de la máxima calidad, respetando el origen, la tradición y el trabajo bien hecho.
Ese legado es el que hoy continúa guiando cada uno de nuestros pasos.
Un premio que reconoce mucho más que una trayectoria
El Premio Empresa Familiar IME distingue a aquellas compañías que representan los valores de la empresa familiar, su capacidad para generar riqueza, empleo y desarrollo, así como su compromiso con la sociedad.
Recibir este reconocimiento supone una enorme satisfacción porque reconoce un modelo empresarial basado en la estabilidad, la confianza y la visión a largo plazo.
En una empresa familiar, cada decisión tiene una dimensión diferente. No se piensa únicamente en el presente, sino también en quienes continuarán escribiendo la historia dentro de unos años.
Ese compromiso con el futuro forma parte de nuestro ADN.
Crecer sin olvidar de dónde venimos
Durante estos más de cien años hemos vivido momentos de cambio, transformación y crecimiento.
Hemos ampliado mercados, incorporado nuevas tecnologías, fortalecido nuestros procesos y llevado nuestros productos a numerosos países. En los últimos años hemos tenido la oportunidad de participar en algunas de las principales ferias internacionales del sector, acercando el sabor del ibérico de Guijuelo a clientes de todo el mundo.
Sin embargo, hay algo que nunca ha cambiado.
Seguimos creyendo que la calidad nace del respeto por el producto, por las personas que lo elaboran y por el tiempo que necesita cada proceso.
Porque la innovación solo tiene sentido cuando sirve para mejorar sin renunciar a la esencia.
Un reconocimiento compartido
Aunque el premio lleva el nombre de Castro y González, sentimos que pertenece a muchas más personas.
Pertenece a todas las generaciones de la familia que han construido este proyecto durante más de un siglo.
Pertenece también a cada una de las personas que forman parte de nuestro equipo y que, con su trabajo diario, hacen posible que nuestros productos lleguen a miles de hogares y restaurantes.
Y, por supuesto, pertenece a nuestros clientes, distribuidores, colaboradores y profesionales de la hostelería que siguen confiando en nosotros año tras año.
Sin esa confianza, nada de esto tendría sentido.
Un impulso para seguir avanzando
Los reconocimientos son importantes porque animan a continuar trabajando con la misma ilusión.
Pero también recuerdan la responsabilidad que supone mantener vivo un legado que comenzó hace más de cien años.
Nuestro compromiso sigue siendo el mismo que ha acompañado a Castro y González desde sus orígenes: elaborar productos ibéricos de la máxima calidad, mantener intactos nuestros valores y seguir representando el nombre de Guijuelo allí donde llegue uno de nuestros jamones, paletas o embutidos.
Gracias por formar parte de nuestra historia
Queremos agradecer a IME Business School este reconocimiento y felicitar al resto de empresas distinguidas durante esta edición.
Pero, sobre todo, queremos dar las gracias a todas las personas que forman parte de nuestro camino.
Porque una empresa familiar no se construye únicamente con el paso del tiempo.
Se construye con la confianza de quienes creen en ella, con el esfuerzo compartido y con la ilusión de seguir escribiendo nuevas páginas de una historia que comenzó hace más de cien años y que continúa cada día.
Este premio nos llena de orgullo, pero también nos recuerda algo esencial: el mejor reconocimiento sigue siendo la confianza que recibimos de quienes nos eligen para compartir los momentos más importantes alrededor de una buena mesa.