Estos días estamos en Burgos, participando en el XXVIII Congreso Nacional de la Empresa Familiar, organizado por el Instituto de la Empresa Familiar (IEF), bajo el lema “Origen – Destino”. Un encuentro que reúne a más de quinientas empresas de toda España para reflexionar sobre el papel de las compañías familiares en el desarrollo económico y social del país.
Para nosotros, este congreso es especial. No solo porque compartimos espacio con algunas de las empresas más relevantes de España, sino porque celebramos algo que nos hace mucha ilusión: Castro y González pasa a formar parte del Instituto de la Empresa Familiar de Castilla y León (EFCL).
Entrar en esta gran familia significa mucho. Significa compartir valores, experiencias y retos con quienes, como nosotros, creen que las empresas familiares son motor de progreso, de empleo y de arraigo en sus territorios. Nos sentimos muy identificados con el espíritu del congreso: mirar hacia el futuro sin perder de vista de dónde venimos.
Durante estas jornadas se están abordando temas clave para el presente y el futuro de las empresas familiares: la continuidad generacional, la transformación e innovación, la sostenibilidad y la importancia de las personas como base de todo proyecto. Cuestiones que forman parte del día a día de nuestra empresa y de nuestra manera de entender el trabajo.
En Castro y González llevamos más de cien años dedicándonos al ibérico, y tres generaciones después seguimos creyendo en lo mismo: en la familia, en la tierra y en la calidad. Participar en este congreso y formar parte del EFCL es una manera de reafirmar ese compromiso y de seguir aprendiendo junto a otras empresas que comparten nuestra visión.
Desde Burgos nos llevamos inspiración, nuevas ideas y, sobre todo, la sensación de estar en el lugar adecuado, rodeados de personas que entienden la empresa como nosotros: con alma, con propósito y con futuro.