La imagen de un cerdo revolcándose en el barro es muy común, parece que se hayan puesto todos de acuerdo y que se lo pasen genial jugando entre ellos. Pero igual para alguno de nosotros será una incógnita el por qué de esta afición.
Seguramente sabréis por qué sudamos cuando tenemos calor. Se trata de que mediante el sudor producido por las glándulas sudoríparas nuestro cuerpo va regulando automáticamente la temperatura óptima.
Realmente lo que ocurre es que cuando se comienza a sudar, y el sudor está en la piel comienza la transpiración. La transpiración trata de que al secretar agua básicamente, se produce una disipación del calor y una evaporación de la misma. Por lo cual este proceso es catalogado como un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo.
Los perros no tienen glándulas sudoríparas por lo cual disipan el calor mediante la lengua, por eso están jadeando siempre cuando suben las temperaturas. A los hipopótamos les ocurre igual, carecen de estas glándulas, por eso están la mayor parte del día sumergidos en el agua.
A los cerdos les ocurre un tanto de lo mismo, tienen glándulas sudoríparas, pero muy pocas, en su proceso evolutivo no las han desarrollado. Existen diversas teorías de por qué no han desarrollado esta función, pero no están del todo demostradas.
El caso, es que el cerdo para poder regular su temperatura corporal ha de mantener su piel húmeda, por eso se revuelca en lodo y fango, lógicamente parece que lo esté pasando de maravilla y es que es un alivio para ellos poder refrescarse. Cualquier cosa que se adhiera y esté fresca será bienvenida a su piel.
El barro adherido a la piel además tiene una función de protector solar, evitando quemaduras en la piel por la exposición continuada al sol.
El cerdo y el lodo