Se llama Siglo de Oro al periodo que va desde el reinado de los Reyes Católicos al de Carlos III, es decir, a los siglos XVI y XVII. Se desarrollaron en España dos movimientos culturales y artísticos: el Renacimiento (siglo XVI) y el Barroco (siglo XVII). Ambos tienen características muy diferentes, incluso opuestas, pero se engloban bajo la denominación Siglos de Oro porque constituyen una de las etapas de mayor esplendor cultural.
En el siglo de oro se empezó a hacer mención del jamón en un momento en que comenzaba el crecimiento de la industria chacinera y se fue haciendo popular en todo el territorio nacional. En los continuos viajes de los comerciantes el jamón se convirtió en compañero inseparable, y esto se fue viendo reflejado en la abundante literatura también emergente de la época.
Las regiones donde se elaboraban estos jamones se fueron haciendo cada vez más famosas, no podía ser de otra manera, siendo el propio Cervantes o el mismo Lope de Vega junto con Francisco Rojas de Zorrilla o el poeta Baltasar de Alcázar los recomendadores.
Las cocinas eran unos espacios acogedores donde se permitía el aprendizaje de palabras como alacena, llar, caldera, capacho, mortero, brasero y perdigar que era una manera de conservar la carne o fiambre, que se decía así a la carne curada como entendemos hoy día nuestro jamón.
El pan era la base de la alimentación untado en aceite o vino y el condimento, la manteca de cerdo, y se utilizaba mucho el pimentón picante.
Carlos I y Felipe II comían mucho, a veces hasta 20 platos diferentes, mollejas, mariscos, anchoas, tocino y claro… jamón.
Apoyados por los textos de distintos autores, podemos seguir la actividad culinaria y el recorrido del jamón más tradicional y con documentación histórica, y es que el jamón está con nosotros desde hace mucho, mucho tiempo.