Las mejores piezas de jamón ibérico de bellota como las de Castro y González destacan por unas claves que van marcando una a una su calidad final. Una de las claves fundamentales es que una gran selección de jamones sólo puede salir de una gran selección de los cerdos y para esto hay que, primero, certificar su procedencia de raza ibérica y después llevar un seguimiento individualizado del animal durante todo el proceso.
Todo está diseñado para que los cerdos se muevan en libertad, y se muevan mucho. Es por esto por ejemplo, que se ubican las zonas de agua apartadas de las de las zonas de comida haciendo así que el animal se ejercite.
Estas dos claves son el 75% aproximadamente de la calidad que los caracterizará, luego ya intervienen otros procesos como son el de salado, lavado, secado y por supuesto la curación de manos de los maestros jamoneros, de las lluvias anuales, del clima seco, frío y calor intensos que haga durante el año, etc.
Pero la manera de hacer de Castro y González va unida directamente a su tierra, a la elaboración y a mantener vivo el espíritu de trabajo artesanal.
Todos estos factores son los que poco a poco hacen que una tradición, una comarca o una firma, finalmente se posicione y se abandere con la merecida calidad.
Este saber hacer se ha transmitido desde el abuelo Aurelio hasta nuestros días donde dan continuidad a su legado Miguel González y sus dos hijos Aurelio y Miguel González.
La familia Castro y González tiene como misión crear productos ibéricos naturales y comparte su pasión con sus clientes, desde siempre.