Si hay un periodo durante el año donde se es propenso a cometer excesos, son las vacaciones de verano. Tantos días de descanso agobiados por el calor y con pocas ganas o ninguna de cocinar, hacen que nos dejemos llevar olvidando nuestra dieta habitual y eligiendo otras rutinas no tan saludables. Si viajamos, es normal querer probar la comida típica del lugar donde estemos, buscando los sabores nuevos encontrando esa sensación placentera que nos aporta la comida.
Todo es válido, cuando las cosas se hacen por placer es raro que sienten mal, pero hay que tener cuidado con ciertas cuestiones como lo son el alcohol, ya que el día se alarga es recomendable alternar con agua si es que se sale, por ejemplo, de tapas.
Ya puestos, para no caer en el sedentarismo estival lo mejor es andar y salir con la bicicleta, lo que sea pero activarse una hora al día mínimo. En cuanto a la comida, si se sale a comer intentar elegir la menos procesada como el gazpacho, salmorejo, ensaladas o el jamón ibérico Castro y González, de esta manera se evitarán esas digestiones pesadas e inacabables.
El verano es de por sí optimista, tanto si tienes vacaciones como si no puedes salir igualmente a disfrutar del buen tiempo, estés donde estés siempre habrá un local abierto para ti donde compartir con tu gente una sonrisa, una tapa de jamón, una conversación, una cerveza, una nueva ilusión, mil cosas, disfrutando de todo ello… pero sin excesos.