Durante los calurosos días de verano, en nuestros secaderos naturales, los Jamones Castro y González nos regalan las más preciadas perlas ibéricas. Un fenómeno que da comienzo a la llegada del verano y que, gota a gota, augura un resultado de lo más prometedor. ¿Por qué nos interesa especialmente ver el goteo del Jamón de Bellota 100% Ibérico? ¿de qué nos habla este elixir que destilan nuestros jamones? Te lo descubrimos en este artículo.
Un entorno donde la naturaleza impregna cada fibra
Sabemos que cada pequeño detalle que interviene en el proceso de elaboración de nuestros jamones es crucial. Como la genética, los tiempos, la alimentación y el cuidado del entorno. Igual de importantes son las condiciones en las que los jamones descansan en nuestros secaderos naturales, mientras esperan su punto óptimo de maduración. Aquí la naturaleza marca el ritmo y a través de determinadas condiciones climáticas moldea el producto final hasta que éste llega hasta ti.
Es que en Guijuelo, una localidad ubicada entre la Sierra de Francia y la de Gredos donde se encuentran nuestras instalaciones, las condiciones climáticas son maravillosas. A más de 1.100 metros sobre el nivel del mar, ofrece un clima frío, seco y de temperatura uniforme. Estas características son decisivas, porque nos permiten trabajar con bajos niveles de sal y exaltar al máximo los sabores de nuestra tierra.
Lágrimas de oro líquido
En verano, durante las horas más cálidas del día, las altas temperaturas dejan huella en el Jamón de Bellota. Ese goteo que puede apreciarse a simple vista es la grasa saludable que alcanzó su punto de fusión, decorando con perlas ibéricas la base de todas nuestras piezas. Este poderoso elixir se compone de al menos un 60% de ácido oleico, un ácido graso muy saludable también presente en el Aceite de Oliva Virgen Extra.
Este signo que podemos apreciar a simple vista nos habla de un proceso interno que está ocurriendo en la pieza. Durante las horas más calurosas la grasa saludable recorre cada fibra muscular, fijando todas las propiedades de la bellota que alimentó en abundancia a nuestros cochinos. Por la noche, con el descenso de la temperatura, la pieza se impregna de sabor y exalta los matices obtenidos durante el proceso de maduración en bodega.
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