No hay persona en el mundo que sea igual a otra, pero hay algo que indiscutiblemente todos vivimos: una conexión única con la comida. Basta con morder unos huevos rellenos, un plato de albóndigas o unos deliciosos buñuelos de bacalao para viajar directamente a nuestra infancia. Hay cosas que no se explican, como la emoción que sentimos cuando probamos un plato de cuchara de nuestra abuela o una receta tradicional de nuestra tierra. ¿Sabes de lo que hablamos?
Experiencia y sabiduría
Si hay alguien en este planeta que ha contribuido a valorar los alimentos y sacar el máximo partido de cada plato han sido nuestros abuelos y abuelas. Su experiencia y sabiduría corre de generación y generación, y ahora te toca a ti, porque esa costumbre que tenían nuestros abuelos de aprovechar cada ingrediente al máximo no solo es parte de quienes somos, sino que puede ayudarnos a salvar el planeta.
Hasta la última miga
Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), tiramos 1.300 millones de toneladas de alimentos al año. Más allá del costo moral, se estima que el daño a nuestro medio ambiente equivale a una cifra de 700.000 millones de euros. Puedes profundizar sobre este tema haciendo clic aquí.
Cuando las recetas de nuestros abuelos se pasan de generación en generación, no solo nos asegurarnos de que un signo de nuestra identidad nunca se pierda, sino que fomentamos una forma de cocinar en la que todo se aprovecha y nada se desperdicia.
Los abuelos son los verdaderos influencers antidesperdicio e inspiran a los más jóvenes con recetas de aprovechamiento. Y tú, ¿qué receta de tus abuelos mantienes viva?